miércoles, 24 de octubre de 2012

Lideres de la Iglesia dan mas detalles sobre la nueva politica misional.

Lideres de la Iglesia dan mas detalles sobre la nueva politica misional.

Conferencia de presna con el Comite misional Oct 2012
Elder Jeffrey R. Holland comenta en conferencia de prensa algunos detalles y cambios que se harán de acuerdo con la nueva política misional
1. Futuros Misioneros tendrán que intensificar su preparación misional, la cual incluye todo en cuanto a dignidad suplementado por el estudio del evangelio (especialmente del Libro de Mormón) clases de seminario e instituto y un estudio sistemático de Predicad Mi Evangelio.
"Dios esta apresurando su obra," dijo Elder Holland dirigiéndose a los jóvenes de la Ilgesia y agrego "y Él necesita más y más misioneros dignos y dispuestos de esparcir la luz y la verdad y la esperanza y la salvación del evangelio de Jesucristo a un mundo frecuentemente en obscuridad... Esto no es a causa de ustedes. Esto es en cuanto al dulce y puro mensaje que se les ha pedido compartir. Elder Holland pidió a los padres tomar una seria responsabilidad en esta preparación y no esperar que el Departamento Misional o el CCM o que líderes locales tomen la dirección en todo.
2. El tiempo en los 15 Centros de Capacitación Misional serán reducidos por 1/3 sin importar sí el misionero servirá en una lengua extranjera o no.
3. La iglesia en Provo Utah contratara más instructores y personal serán contratados y los dormitorios aumentarán de inmediato. Se planean que los CCMs fuera de USA se necesiten ampliar pero no hay planes de construir nuevos CCMs
4.Se planean que los misioneros sean beneficiados al implementar un programa de 12 semanas al llegar al campo misional y así mejoren sus técnicas de enseñanzas. 5. La iglesia considera crear nuevas misiones en el futuro. Las actuales 347 misiones absorberán cualquier aumento que suceda en el numero de misioneros hasta que las nuevas sean creadas.
6. Futuros Misioneros pueden ser recomendados por su obispo y presidente de estaca con 120 días de anticipación a su cumpleaños (18/19) o con anticipación a la fecha disponible de acuerdo a su graduación de la escuela. Los hombres jóvenes podrán entrar al CCM después de haberse graduado y alcanzado la edad requerida.
7. No se modifica los límites de edad para servir, para los varones es de 25 años y para las mujeres no existe una edad límite.

Las Bendiciones de Haber Servido una Mision

El servicio misional de ustedes será lo más importante para prepararlos para el resto de su vida. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) prometió a los futuros misioneros: “…el tiempo que pasen en el campo misional, si lo pasan dedicados al servicio, será una inversión que les dejará mayores dividendos que cualesquiera otros dos años de su vida… Si sirven en una misión fielmente y bien, serán mejores esposos, mejores padres, mejores estudiantes, mejores trabajadores1. Si no han pasado la edad de servir en una misión de tiempo completo, prepárense ahora para servir. Las bendiciones que recibirán serán mucho mayores que cualquier sacrificio que puedan hacer.

Cuando deben las jovenes ir a la mision?

M. Russell Ballard dijo:
Servir en una misión de tiempo completo es algo totalmente adecuado para una joven si eso es lo que ella desea hacer y es digna. Poseer el Sacerdocio implica para el joven la obligación de llevar al mundo el mensaje de la Restauración. Se invita a las hermanas a participar en la obra misional atendiendo a sus circunstancias. Si tuvieran expectativas de matrimonio, ése es un llamamiento mayor; sin embargo, las jóvenes que se encuentran en condiciones de servir llegan a ser grandes misioneras. Son buenas maestras, muestran empatía y se relacionan muy bien con las mujeres. No creo que exista en el mundo una misión con un presidente que no se sienta encantado de tener más misioneras.
(M. Russell Ballard, “How to Prepare to Be a Good Missionary”, “Cómo prepararse para ser un buen misionero”, New Era, revista en inglés, Mar 2007, 6–11)

La oportunidad de toda una vida

La oportunidad de toda una vida

W. Christopher Waddell
De los Setenta


W. Christopher Waddell
Por medio de tu dedicado servicio y sacrificio voluntario, tu misión se convertirá en tierra santa para ti.

Un hito en la vida de un misionero es su entrevista final o “última” con el presidente de misión. Parte fundamental de la entrevista será el análisis de lo que parece ser una vida de experiencias inolvidables y lecciones clave que se han adquirido en tan sólo de 18 a 24 meses.
Si bien muchas de esas experiencias y lecciones pueden ser comunes y corrientes en el servicio misional, cada misión es única, con desafíos y oportunidades que nos exigen y prueban de acuerdo con nuestra personalidad y necesidades particulares.
Mucho antes de dejar nuestro hogar terrenal para servir en una misión de tiempo completo, dejamos a nuestros padres celestiales para cumplir con nuestra misión mortal. Tenemos un Padre Celestial, que nos conoce: sabe nuestras fortalezas y debilidades, nuestras facultades y potencial. Él sabe qué presidente de misión y compañeros, y qué miembros e investigadores necesitamos para llegar a ser el misionero, el esposo, el padre y el poseedor del sacerdocio que somos capaces de llegar a ser.
Profetas, videntes y reveladores asignan a los misioneros bajo la dirección y la influencia del Espíritu Santo. Presidentes de misión inspirados dirigen las transferencias cada seis semanas y rápidamente aprenden que el Señor sabe exactamente donde quiere que sirva cada misionero.
Hace unos años, el élder Javier Misiego, de Madrid, España, estaba cumpliendo una misión de tiempo completo en Arizona. En esa época, su llamamiento misional a los Estados Unidos parecía un tanto inusual, ya que la mayoría de los jóvenes de España eran llamados a servir en su propio país.
Al término de una charla fogonera de estaca, donde él y su compañero habían sido invitados a participar, se le acercó al élder Misiego un miembro menos activo de la Iglesia, a quién lo había llevado un amigo. Era la primera vez que ese hombre había estado dentro de una capilla en años y él le preguntó al élder Misiego si conocía a José Misiego, de Madrid. Cuando el élder Misiego respondió que el nombre de su padre era José Misiego, el hombre emocionado hizo algunas preguntas más para confirmar que ése era el José Misiego. Cuando se determinó que estaban hablando del mismo hombre, este miembro menos activo comenzó a llorar. “Su padre fue la única persona que bauticé durante toda mi misión”, explicó y describió cómo su misión, según su parecer, había sido un fracaso. Atribuyó sus años de inactividad a algunos sentimientos de ineptitud y preocupación, creyendo que, de alguna manera, había decepcionado al Señor.
El élder Misiego luego describió lo que este supuesto fracaso del misionero significó para su familia. Le dijo que su padre, bautizado como un adulto soltero, se había casado en el templo, que el élder Misiego era el cuarto de seis hijos, que los tres varones y su hermana habían servido misiones de tiempo completo, que todos estaban activos en la Iglesia y que todos los que estaban casados se habían sellado en el templo.
El ex misionero menos activo comenzó a sollozar. Gracias a sus esfuerzos, ahora sabía que había bendecido muchas vidas, y el Señor había enviado a un élder desde Madrid, España, a una charla fogonera en Arizona para hacerle saber que él no había sido un fracaso. El Señor sabe donde quiere que sirva cada misionero.
De la manera que el Señor decida bendecirnos en el transcurso de una misión, las bendiciones del servicio misional no están diseñadas para terminar cuando somos relevados por nuestro presidente de estaca. Su misión es un campo de entrenamiento para toda la vida. Las experiencias, lecciones y testimonio obtenidos por medio de un servicio fiel están destinados a proporcionar una base centrada en el Evangelio que persistirá durante la vida mortal y en las eternidades. Sin embargo, para que las bendiciones continúen después de la misión, hay condiciones que se deben cumplir. En Doctrinas y Convenios leemos: “Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición, así como sus condiciones” (D. y C. 132:5). Este principio se enseña en el relato de Éxodo.
Después de recibir su mandato de parte del Señor, Moisés regresó a Egipto para sacar a los hijos de Israel de la cautividad. Una plaga tras otra no le permitían la libertad, lo que les condujo a la décima y última plaga: “Pues yo pasaré por la tierra de Egipto, esta noche, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto” (Éxodo 12:12).
Para la protección en contra del “heridor” (versículo 23), el Señor instruyó a Su pueblo a ofrecer un sacrificio, un cordero “sin defecto” (versículo 5) y recoger la sangre del sacrificio. Luego tenían que “tomar la sangre” y ponerla en la entrada de cada casa “…en los dos postes y en el dintel” (versículo 7) con esta promesa: “y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad” (versículo 13).
“Los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado” (versículo 28). Ellos ofrecieron el sacrificio, recogieron la sangre y la pusieron en sus hogares. “Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto” (versículo 29). Moisés y su pueblo, según la promesa del Señor, fueron protegidos.
La sangre que utilizaron los israelitas, simbólica de la futura expiación del Salvador, fue producto del sacrificio que ellos habían ofrecido. No obstante, el sacrificio y la sangre por sí solos no hubieran sido suficientes para obtener la bendición prometida. Si no hubieran colocado la sangre en el dintel de la puerta, el sacrificio habría sido en vano.
El presidente Monson ha enseñado: “La obra misional es difícil. Agota las energías, excede nuestra capacidad, exige nuestro mejor esfuerzo… Ningún otro trabajo demanda horas más largas, mayor dedicación ni más sacrificio y oración ferviente” (“…Haced discípulos a todas las naciones”, Liahona, julio de 1995, pág. 55).
Como resultado de ese sacrificio, regresamos de nuestras misiones con nuestros propios dones. El don de la fe; el don de testimonio; el don de la comprensión de la función del Espíritu; el don del estudio diario del Evangelio. El don de haber servido a nuestro Salvador. Dones cuidadosamente empaquetados en Escrituras desgastadas, en libros de Predicad Mi Evangelio raídos, en diarios misionales y en corazones agradecidos. Sin embargo, al igual que los hijos de Israel, las continuas bendiciones relacionadas con el servicio misional exigen la aplicación después del sacrificio.
Hace unos años, mientras la hermana Waddell y yo presidíamos la Misión de España Barcelona, quise extender una última asignación a cada misionero durante su entrevista final. Se les pidió que durante el regreso a casa tomasen tiempo para considerar las lecciones y los dones que les había proveído un generoso Padre Celestial. Se les pidió que hicieran una lista con espíritu de oración y que consideraran cuál sería la mejor manera de aplicar esas lecciones en sus vidas después de la misión: lecciones que podrían influenciar en cada faceta de la vida de ellos, la educación y elección de la carrera, el matrimonio e hijos, el futuro servicio en la Iglesia y, lo más importante, en qué clase de persona se convertirían y como continuarían desarrollándose como discípulos de Jesucristo.
No hay ningún ex misionero para quien sea demasiado tarde considerar las lecciones obtenidas por medio de un servicio fiel y aplicarlas con más diligencia. Al hacerlo, sentiremos la influencia del Espíritu más plenamente en nuestra vida, nuestra familia se fortalecerá y nos acercaremos más a nuestro Salvador y al Padre Celestial. En una conferencia general anterior, el élder L. Tom Perry extendió esta invitación: “Hago un llamado a ustedes, ex misioneros, para que redediquen su vida, para que renueven su deseo y espíritu del servicio misional. Les llamo para que tengan la apariencia de un siervo, para que sean un siervo y para que actúen como un siervo de nuestro Padre Celestial… Deseo prometerles que hay grandes bendiciones reservadas para ustedes si continúan adelante con el celo que una vez poseyeron como misioneros de tiempo completo” (véase “El ex misionero”, Liahona, enero de 2002, págs. 88-89).
Ahora, a los jóvenes que aún tienen que servir en una misión de tiempo completo, comparto el consejo del presidente Monson de octubre del año pasado: “Repito lo que los profetas han enseñado por mucho tiempo: que todo joven digno y capaz debe prepararse para servir en una misión. El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros a quienes se nos ha dado tanto” (“Al encontrarnos reunidos de nuevo”, Liahona, noviembre 2010, pág. 5).
Al igual que con los misioneros del pasado y presente, el Señor te conoce y tiene una experiencia misional preparada para ti. Él conoce a tu presidente de misión y a su maravillosa esposa, quien te amará como si fueras uno de sus propios hijos y buscará inspiración y guía a tu favor. Él conoce a cada uno de tus compañeros y lo que aprenderás de ellos. Él conoce cada área en la que trabajarás, a los miembros que conocerás, a la gente que enseñarás y las vidas en las que impactarás por la eternidad.
Por medio de tu dedicado servicio y sacrificio voluntario, tu misión se convertirá en tierra santa para ti. Serás testigo del milagro de la conversión a medida que el Espíritu obre por tu intermedio para conmover los corazones de aquellos a quienes enseñes.
Al prepararse para prestar servicio hay mucho por hacer. Para llegar a ser un siervo eficaz del Señor, se necesitará algo más que ser apartado, colocarse una placa con el nombre o entrar en un centro de capacitación misional. Es un proceso que comienza mucho antes de que te llamen “élder”.
Llega a tu misión con tu propio testimonio del Libro de Mormón, que se obtiene por medio del estudio y la oración. “El Libro de Mormón es una evidencia potente de la divinidad de Cristo. También es una prueba de la Restauración a través del profeta José Smith. Como misionero, debes primero tener un testimonio personal de que el Libro de Mormón es verdadero. Ese testimonio del Espíritu Santo debe ser el foco principal de tu enseñanza” (véase Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, págs. 103, 108).
Llega a tu misión siendo digno de la compañía del Espíritu Santo. En las palabras del presidente Ezra Taft Benson: “El Espíritu es el elemento más importante en esta obra. Cuando el Espíritu magnifica su llamamiento, usted puede realizar milagros para el Señor en el campo misional. Si no cuenta con el Espíritu, nunca tendrá éxito, sin importar cuánto talento y habilidad tenga” (en Predicad Mi Evangelio, pág. 176).
Llega a tu misión listo para trabajar.
“Tu éxito como misionero dependerá principalmente de tu dedicación para encontrar, enseñar, bautizar y confirmar”. Se espera que trabajes con “eficacia todos los días y hagas tu mejor esfuerzo para traer almas a Cristo”(véase Predicad Mi Evangelio, pág. 10).
Repito la invitación que dio el élder M. Russell Ballard a un grupo anterior de jóvenes que se preparaban para servir: “Acudimos nosotros a ustedes, mis jóvenes hermanos del Sacerdocio Aarónico. Los necesitamos. Al igual que los 2.000 jóvenes guerreros de Helamán, ustedes también son hijos espirituales de Dios, y pueden ser investidos con poder para edificar y defender Su reino. Necesitamos que hagan convenios sagrados, así como ellos lo hicieron. Necesitamos que sean meticulosamente obedientes y fieles, tal como ellos lo fueron” (“La generación más grandiosa de misioneros”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 47).
Al aceptar esta invitación, aprenderás una gran lección, así como el élder Misiego y todos los que hayan servido, regresado y dedicado de manera fiel. Aprenderás que las palabras de nuestro profeta, el presidente Thomas S. Monson, son verdaderas: “La oportunidad misional es de ustedes, para toda la vida. Las bendiciones de la eternidad les aguardan. Tienen el privilegio de no ser espectadores sino participantes en el escenario del servicio del sacerdocio” (Liahona, julio 1995, pág. 55). Y testifico que esto es verdad en el nombre de Jesucristo. Amén.

Para llegar a ser un buen misionero

Para llegar a ser un buen misionero


Hace un mes que tengo en mi poder, una carpeta de color celeste con letras negras en la parte frontal que se titula “CARPETA MISIONAL”. El día que mi obispo me la dio, el puso algunas metas al dorso que me he esforzado por cumplir. Siempre he querido ser misionera, a veces creo que mi primera palabra no fue papá o mamá sino misión! Sin embargo no fue sino hasta el año pasado que yo tomé muy enserio esta cuestión de la misión y emprendí una ardua investigación acerca de las cosas que podía hacer para ir preparándome para las mejores 18 meses de mi vida (ya que las chicas solo servimos por un año y medio). Encontré muchos artículos en liahonas y algunos otros manuales. También las escrituras fueron de mucha ayuda por supuesto. Pero hoy quiero compartir con ustedes un artículo que encontré en una liahona de Oct del 2001 y que en lo personal a mi me encantó! Son cosas sencillas que podemos hacer día a día pero que nos ayudan muchísimo.
Aquí les dejo:

¿Cómo puedo prepararme para ser el mejor misionero que puedo llegar a ser?



Aquí tienes consejos de misioneros que actualmente están en la misión y de otros lectores:

• Ora todos los días. Pídele a nuestro Padre Celestial que te ayude a prepararte.

• El Señor necesita misioneros dignos. Vive los mandamientos todos los días.

• Asiste a seminario e instituto y pon atención.

• Lee las Escrituras todos los días, especialmente el Libro de Mormón. Aplica la promesa que se encuentra en Moroni 10:3–5.

• Aprende a ser responsable, magnificando cualquier llamamiento o asignación que recibas (véase D. y C. 88:80). Por ejemplo, la orientación familiar es una excelente manera de aprender a desarrollar relaciones de confianza con otras personas.

• Asiste al templo tan a menudo como te sea posible.

• Pasa el mayor tiempo posible con tu familia; los vas a echar de menos mientras estés fuera de casa. Participa en las oraciones familiares, noches de hogar y otras actividades

familiares.

• Durante las noches de hogar, participa enseñando a tu familia, usando las Escrituras y las charlas misionales.

• Asiste a la iglesia todos los domingos y participa del espíritu que hay allí.

• Recibe tu bendición patriarcal. Si ya la tienes, repásala con frecuencia.

• Practica conocer a nuevas personas y ser amistoso.

• La misión es rigurosa, por lo que es bueno que te esfuerces por estar en buena condición física.

• Comienza a ahorrar ahora mismo. Guarda dinero para la misión cuando te sea posible.

• Trabaja con los misioneros regulares y con los líderes misionales del barrio o la rama.

• Ayuda a los misioneros regulares con sus charlas y observa cómo las enseñan.

• Practica enseñando las charlas a tus amigos.

• Asiste a los servicios bautismales del barrio o la rama.

• Comparte tu testimonio cada vez que tengas la oportunidad.

• Invita a amigos que no sean miembros de la Iglesia a reuniones o a actividades.

• Asiste a una clase de preparación misional.

• Memoriza los Artículos de Fe.
Y lo que es más importante, habla con tu obispo obispo o presidente de rama al respecto, coméntale tus puntos débiles, las cosas en las que crees que debes mejorar, exprésale tus deseos de llevar a cabo cambios en tu vida que te permitan ser un mejor misionero y el sabrá guiarte. Yo lo hago todo el tiempo, cuando logro cumplir una meta que él me pone, yo le digo “Obispo creo que necesito ayuda con esto.” Entonces, con toda paciencia el me ayuda y anota todas mis metas, porque según él las cosas que no se dejan por escrito son más difíciles de lograr.

Tomado del blog "Bitacora de una chica SUD"

La misión es algo que siempre recordarán con cariño.

La misión es algo que siempre recordarán con cariño. Vale la pena cualquier sacrificio que sea necesario hacer.

élder David B. Haight del Quórum de los Doce Apóstoles.

La meta máxima de la obra misional en la Iglesia es invitar a todos los habitantes de la tierra a venir a Cristo. Seis mil millones de personas de todo el mundo esperan escuchar el mensaje del Evangelio restaurado. Nosotros somos las personas bendecidas con el
encargo y la responsabilidad de llevar esta invitación y este mensaje.
Cada semana, el Departamento Misional de la Iglesia en Salt Lake City recibe unas ochocientas recomendaciones para el servicio misional. Estas recomendaciones indican la fe y la obediencia de hombres y mujeres jóvenes del mundo entero, en respuesta a la declaración de responsabilidad del Señor.
No mucho después de que el presidente de estaca o de misión recomienda a un candidato para la misión, la tan esperada carta —el llamamiento misional— llega por correo.
En el paquete se incluye una hoja que al principio puede pasar desapercibida. Es un formulario, el formulario de Aceptación del Llamamiento Misional. Es una carta personal en la que el misionero, dirigiéndose a la Primera Presidencia, acepta formalmente su llamamiento.
El formulario se compone de 15 líneas donde el misionero expresa sus sentimientos en cuanto a la singular oportunidad de servir al Señor. Las cartas están, por lo general, escritas a mano, son breves y directas. Aun así, estas palabras dicen mucho y revelan un profundo sentido.
Tras cada una de ellas hay una historia de fe.
“Mi Salvador me ha bendecido más de lo que jamás me
habría imaginado. Él dio Su vida por mí. Lo menos que puedo
hacer es darle dos años de mi vida”.
Las cartas a menudo contienen expresiones de fe en el Salvador y de gratitud por Su sacrificio. El profeta José Smith escribió: “Es la fe, y sólo la fe, la causa impulsora de toda acción” (Lectures on Faith, 1985, págs. 1–2). La fe, para que sea fe salvadora, debe centrarse en Cristo e impulsarlo a uno a obedecerle y a seguir Su ejemplo. Al aceptar el llamado al servicio, el misionero expresa suficiente fe para actuar basándose en sus propias creencias.
Las bendiciones inevitablemente vendrán como producto de este servicio como tantos ex misioneros pueden testificar. La fe en el Salvador se convierte en un ancla para el alma.
“No puedo expresar la felicidad y el gozo que siento al
aceptar este llamamiento. Estoy listo y dispuesto a dedicar dos
años de mi vida a la predicación del Evangelio”.
Muchos misioneros declaran en las cartas de aceptación: “Acepto mi llamamiento con gratitud”. Pero me pregunto cuántos misioneros se dan cuenta de lo que significa la palabra aceptar. Significa recibir voluntariamente algo que se da u ofrece; responder favorablemente; considerar correcto o apropiado. También significa ser aceptado en un grupo o comunidad. En el contexto del Evangelio, implica sumisión a la voluntad del Señor
y la disposición de seguir al profeta, que extiende el llamamiento. El “llamamiento” misional es el de servir al Señor con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. La “asignación” misional es la de servir en el campo asignado. La carta de aceptación es símbolo de la disposición de aceptar que tanto el llamamiento como la asignación misional son la voluntad del Señor.
“Mi preparación para la misión ha sido una larga lucha.
Después de decidir ir a la misión, me llevó casi un año y medio
vencer problemas de conducta”.
Algunas cartas describen largos periodos de arrepentimiento, como la experiencia de lma, en que lo “agobiaba [el] tormento” y lo “atribulaba el recuerdo de [sus] muchos pecados” (Alma 36:17). Felizmente también hablan de lo “intens[o]” y lo “dulce” del gozo que viene por medio del arrepentimiento y del perdón (véase Alma 36:21).
El Señor manda que Sus misioneros sean limpios:
“Purificad vuestro corazón delante de mí, y entonces id por todo el mundo y predicad mi evangelio a toda criatura que no lo haya recibido” (D. y C. 112:28). El poder sagrado
disponible para “el que es ordenado por Dios y enviado” puede ejercerlo sólo quien es “purificado y limpiado de todo pecado” (véase D. y C. 50:26–28).
La Primera Presidencia ha declarado: “El servicio misional regular es un privilegio para aquellos que sean llamados por inspiración por el Presidente de la Iglesia, no un derecho. El servicio misional es literalmente servicio al Señor y a Su Iglesia, y su objetivo principal no es el desarrollo personal del misionero en forma individual, aun cuando el servir rectamente produce invariablemente ese resultado” (Carta, 12 de diciembre de 2000). Los líderes del sacerdocio tienen pautas específicas para asegurarse de que los misioneros estén espiritual, física, emocional y moralmente preparados para servir. Es un perjuicio para el Señor, para la Iglesia y para los futuros misioneros extender un llamamiento a quien no cumple con los requisitos.
Apreciamos a los muchos jóvenes y señoritas que viven dignos del llamamiento misional. Estamos profundamente agradecidos por quienes se arrepienten y participan del dulce gozo de la Expiación. Animamos a quienes no pueden servir debido a motivos físicos, emocionales u otros, a que busquen modos diferentes de servir, como lo puedan sugerir los padres y líderes de la Iglesia.
“La decisión de ir a la misión no fue fácil. Mi pasión por
el béisbol la hizo muy difícil”.
Numerosas cartas de aceptación denotan sacrificio. El joven a quien se cita anteriormente estaba bien encaminado en su sueño de jugar béisbol en la universidad, para luego, tal vez, disfrutar de una carrera en el béisbol profesional. Después de pensar y orar al respecto, la respuesta fue certera: debía servir al Señor. Una vez tomada la decisión, las prioridades en su vida fueron claras. El profeta José Smith declaró: “Es por medio del sacrificio de todo lo terrenal que los hombres realmente saben que están haciendo las cosas que complacen a Dios” (Lectures on Faith, pág. 69). La idea de renunciar a algo que atesoramos puede ser difícil y hasta dolorosa. Pero el Señor compensa generosamente cualquier sacrificio.
Los futuros misioneros hablan de dejar un preciado automóvil, la novia, la música, un trabajo lucrativo y muchas otras cosas; pero demasiados de ellos permiten que esos tesoros terrenales los cieguen ante las oportunidades espirituales y los desvíen de su misión preordenada. Por otro lado, continuamente nos sentimos sorprendidos y llenos de satisfacción por quienes lo dejan todo por servir al Señor.
“Hace sólo dos años, no tenía ningún propósito en la vida.
Al caminar por la calle temía que la gente me preguntara
quién era yo. Un día, dos misioneros me ayudaron a encontrar
el amor de Cristo. Encontraré gente que sienta lo mismo
que yo sentía y les mostraré el propósito de la vida”.
Mormón escribió: “El amor perfecto desecha todo temor” (Moroni 8:16). Cuando los futuros misioneros aprenden sobre el propósito de la vida y el amor del Señor, cobran valor para actuar a pesar de los temores. Al hacerlo, aprenden que los temores eran sólo un espejismo, la creación de su propia mente. El Señor, en repetidas oportunidades, asegura a los misioneros que Él les dará la fortaleza para tener éxito a pesar de los obstáculos. “El que tiemble bajo mi poder será fortalecido, y dará frutos de alabanza y sabiduría” (D. y C. 52:17). El presidente Harold B. Lee (1899–1973) a menudo declaraba: “A quien el Señor llama, el Señor prepara y capacita”.
Un joven le habló a su obispo en cuanto a su temor de no poder aprender las charlas y de no poder enseñar el Evangelio. Se percibía a sí mismo como un pobre representante del Señor. Moisés, Jeremías, Enoc y otros, tenían sentimientos de ineptitud en cuanto a su llamamiento, pero el Señor les prometió que los fortalecería y les diría lo que debían decir (véase Éxodo 4:11–12; Jeremías 1:7–9; Moisés 6:32–34). Los misioneros de hoy en día reciben la misma promesa si vencen su temor y abren la boca. “Alzad vuestra voz a este pueblo; expresad los pensamientos que pondré en vuestro corazón, y no seréis confundidos delante de los hombres; porque os será dado en la hora, sí, en el momento preciso, lo que habéis de decir” (D. y C. 100:5–6). El presidente Spencer W. Kimball (1895–1985) dijo: “Hay una aventura espiritual en el cumplimiento de la obra misional” (“‘It Becometh Every Man’”, Ensign, octubre de 1977, pág. 7). El embarcarse en una misión, como muchos saben, implica muchas de las mismas emociones que el embarcarse en algunas aventuras fuertes: entusiasmo, algo de ansiedad, y tal vez algo de temor. En la obra misional, damos un paso hacia lo desconocido. Tal vez vayamos a países extranjeros con una cultura diferente. Se requiere que vivamos continuamente con un compañero a quien no hemos conocido antes. Y la esencia de la obra misional es conocer a nuevas personas y hablar con ellas, dándoles testimonio de cosas maravillosas que puede que consideren extrañas. Al proclamar nuestras creencias públicamente, nos arriesgamos al ridículo y al desprecio. Tal es la naturaleza de la aventura, y como con muchas otras venturas, hablaremos con cariño sobre ella por el resto de la vida. Las cartas de Aceptación del Llamamiento Misional revelan una abundancia de espiritualidad y de fe. Mi propia fe se ve continuamente fortalecida por quienes aceptan el llamamiento de servir a Dios, por quienes permiten que su amor por el Señor supere sus temores y por quienes se someten voluntariamente al llamado de nuestro profeta viviente. Siempre ruego que todo joven que reúna los requisitos y que toda señorita que así lo desee pueda experimentar la maravillosa aventura de la misión.

Cómo prepararse para ser un buen misionero


Cómo prepararse para ser un buen misionero



“Cómo prepararse para ser un buen misionero,” Liahona, Mar 2007, 10
Las revistas de la Iglesia preguntaron al élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, cómo podrían prepararse los jóvenes para servir en una misión de tiempo completo y las bendiciones que les reportaría ese servicio.

¿Por qué la Iglesia pide a todo hombre joven digno que sirva en una misión?

El Señor no ha dado mayor encargo a Su pueblo que el de compartir el Evangelio con los hijos de nuestro Padre Celestial. Los misioneros sacan a la gente de las tinieblas del mundo y la conducen a la seguridad y luz del Evangelio de Jesucristo. Buscar, enseñar, bautizar y confirmar a alguien que nunca haya prestado mucha atención a Dios, a Cristo ni a Su gran sacrificio expiatorio es uno de los mayores servicios que puede rendir un poseedor del sacerdocio.
Nosotros conocemos el propósito de la vida, pero el resto del mundo no. Sobre los hombros de cada joven reposa el prepararse para declarar este mensaje al mundo. Es una obra emocionante.

¿Y qué hay de las jóvenes? ¿Qué responsabilidad tienen ellas?

Servir en una misión de tiempo completo es algo totalmente adecuado para una joven si eso es lo que ella desea hacer y es digna. Poseer el sacerdocio implica para el joven la obligación de llevar al mundo el mensaje de la Restauración. Se invita a las hermanas a participar en la obra misional atendiendo a sus circunstancias. Si tuvieran expectativas de matrimonio, ése es un llamamiento mayor; sin embargo, las jóvenes que se encuentran en condiciones de servir llegan a ser grandes misioneras. Son buenas maestras, muestran empatía y se relacionan muy bien con las mujeres. No creo que exista en el mundo una misión con un presidente que no se sienta encantado de tener más misioneras.

¿Cuál es para un joven o una jovencita la mejor manera de prepararse para la misión?

La actitud es la clave. Los jóvenes deben comprometerse a una temprana edad a la idea de la misión. De ese modo, al crecer y comenzar a encarar algunas de las tentaciones del mundo, éstas tendrán menos posibilidades de penetrar en sus corazones y mentes. Resistirán las tentaciones porque se centran en llegar a ser siervos del Señor. También ayuda el vivir en un hogar en el que se comparte el Evangelio. El espíritu misional se produce en aquel hogar donde los padres y los hijos comparten el Evangelio unos con otros.
A los nuevos misioneros les digo que precisan comprender que los 18 o los 24 meses que sirven en la misión no les pertenecen, sino que ese tiempo le corresponde al Señor. Ellos van a dedicar sus talentos y habilidades a tiempo completo a la edificación de Su reino. Cuando el misionero piensa así, no tiene problema alguno para seguir las reglas de la misión; no se resiste a la instrucción de su presidente de misión, a las pautas de Predicad Mi Evangelio ni al consejo de las Autoridades Generales. Antes bien acepta ese consejo porque no desea malgastar ni un minuto del tiempo del Señor.

¿Qué más pueden hacer los futuros misioneros para prepararse?

Necesitan comprender la doctrina y saber cómo compartirla. No se puede sacar agua de un balde vacío. Cuando los misioneros conocen el Evangelio y saben cómo enseñarlo, ya no quieren hacer nada más; saben que pueden enseñar a cualquier persona, en cualquier parte, en cualquier momento y en cualquier circunstancia empleando sus propias palabras respaldadas por el poder del Espíritu. Tienen confianza en sí mismos y una fortaleza interior. En este tipo de preparación hay un gran poder.
Por ese motivo, insto a todo joven y a toda jovencita a familiarizarse con Predicad Mi Evangelio. Los jóvenes tienen la obligación de ilustrarse, de entender por sí mismos las doctrinas de la Restauración. Esa preparación es tan importante para un muchacho como para una jovencita. Tanto si la joven se casa como si sirve en una misión de tiempo completo, el Evangelio debe servirle de guía en su diario vivir.
Los jóvenes precisan conocer el interior de la obra misional, pudiendo llegar a serles útil, donde sea posible, el ayudar a los misioneros y así paladear un poco de la obra.
También recomiendo a los jóvenes que estudien y sigan las pautas que se encuentran en Para la fortaleza de la juventud. Los misioneros deben ser moralmente limpios y estar espiritualmente preparados. Si viven los principios de Para la fortaleza de la juventud, estarán preparados espiritualmente para ser grandes misioneros.

¿Qué nos puede decir de la preparación física, económica y emocional?

Los misioneros deben ser autosuficientes. Los jóvenes necesitan aprender a cuidar de sí mismos y a no depender de sus padres.
Tienen que ser capaces de hacer frente a las exigencias físicas de la obra misional. Deben controlarse el peso y estar físicamente en forma. La rutina diaria del misionero incluye un programa de media hora de ejercicio, ya que tonificar el cuerpo aumenta la capacidad mental.
Los futuros misioneros necesitan aprender a trabajar. Deben tener un empleo y ahorrar dinero para la misión. Todo presidente de misión estaría de acuerdo conmigo en que el misionero que haya trabajado, ahorrado y contribuido a pagar parte o la totalidad de la misión es un misionero mejor preparado. Trabajar y ahorrar para la misión genera entusiasmo por servir y concede al joven o a la jovencita una buena ética de trabajo. ¡Independientemente de otros aspectos de la obra misional, aquí hay que trabajar!
Trabajar para servir en una misión y ser responsables de su propia vida contribuye al bienestar emocional de los jóvenes, pues en su interior saben que pueden tener éxito sin importar a dónde se les envíe o cuáles sean las circunstancias. Saben que son lo bastante fuertes para desenvolverse en un mundo cada vez menos interesado en las cosas de Dios. Necesitamos misioneros con ese tipo de convicción.

¿Cuál es su opinión respecto a aprender un segundo idioma?

En la mayoría de las escuelas de educación secundaria, es obligatorio aprender un segundo idioma y los alumnos deben esforzarse por hacerlo. Ahora bien, tal vez aprendan francés y luego vayan a la misión a Taiwán, pero no importa. Lo que verdaderamente importa es la disciplina que se adquiere al aprender cómo aprender. Si han aprendido una segunda lengua, les resultará más fácil aprender el idioma de las personas de la misión a la que sean llamados.

¿Cómo se decide ese llamamiento?

En primer lugar, el obispo o presidente de rama entrevista al joven o a la jovencita y hace una recomendación. Luego, el presidente de estaca o de misión entrevista a la persona. La mayoría de las solicitudes misionales se envían por medios electrónicos a las Oficinas Generales de la Iglesia junto con una foto. Cuando llega la solicitud, un miembro del Quórum de los Doce Apóstoles observa la foto y examina la actitud del futuro misionero según lo que hayan escrito sus líderes locales, sus calificaciones académicas y cualquier disposición manifiesta a aprender un idioma. El apóstol también considera las necesidades de las 344 misiones que hay en el mundo y luego recibe la impresión espiritual de dónde debe servir el misionero. Todo eso se hace bajo la dirección del Presidente de la Iglesia, y el llamamiento procede de él.

¿Por qué a algunos misioneros se les llama a servir en sus propios países?

Déjame asegurarte que los llamamientos son una cuestión de revelación, por lo que los misioneros sirven allí donde desea el Señor. Toda misión necesita misioneros buenos y capaces. Por ejemplo, supongamos que hay un joven, un líder escolar, que vive en Virginia, en los Estados Unidos. Abre su llamamiento y se queda boquiabierto al ver que se le llama a servir en Salt Lake City. Sin embargo, no pasa mucho tiempo allí antes de que sepa por qué el Señor lo llamó a servir en ese lugar.

¿Qué les diría a aquellos jóvenes que, por diversas razones, no creen reunir los requisitos para servir en una misión?

En 2002 elevamos el nivel de las normas del servicio misional; ello supone que, para ser un misionero digno, los jóvenes desde temprana edad deben comprender y vivir los requisitospara ser un misionero digno. Deben evitar las tentaciones del mundo. Claro que es posible arrepentirse, y el arrepentimiento supone una gran bendición, pero los que tropiezan deben llevar a cabo un arrepentimiento real y completo, y eso puede llevar tiempo. Puede llegar incluso a necesitarse la aprobación de la Primera Presidencia antes de poder servir. Elevar nivel de las normas no excluye a nadie, pero sí requiere de un arrepentimiento más exhaustivo y, en ocasiones, muy difícil. ¡Suplico a los jóvenes que no tengan que pasar por ello! Manténganse dignos de servir.
Tal vez haya algunos jóvenes que se consideren indignos o incapaces de servir a pesar de lo que les diga su obispo o presidente de rama; pero he aquí la realidad: los líderes del sacerdocio poseen las llaves para avalar. Si los líderes del sacerdocio indican que una persona es digna y es llamada, dicha persona debe ejercer fe en ese llamamiento y servir al Señor con plena confianza en que es digna y capaz.

¿Cómo recibe el misionero el poder espiritual que precisa para tener éxito?

Cuando llegan al campo, los misioneros suelen carecer de confianza en sí mismos, así que los ponemos con buenos compañeros que les enseñan cómo se lleva a cabo la obra misional. En pocos meses rebosan del Espíritu; están repletos del gozo que se recibe al llevar almas a Cristo. Entienden que están ayudando a nuestro Padre Celestial y al Salvador en la gran obra de redención. Cuando se dan cuenta de ello, son imparables.
Ese poder es fruto de la obediencia, la dedicación, el trabajo duro y el entusiasmo. Si no son obedientes, si no trabajan con denuedo dando lo mejor de sí cada día, no tendrán el mismo impacto que aquellos que irradian el espíritu del Evangelio.
¿Saben qué?, a menudo pregunto a nuevos conversos por la primera vez que supieron que la Iglesia es verdadera y no es infrecuente que respondan: “Supe que la Iglesia es verdadera mientras me enseñaban los élderes o las hermanas y percibí el poder de su creencia y vi el resplandor de sus rostros”. Si uno no está activa y anhelosamente consagrado a la obra, el Espíritu no le conferirá a su servicio misional el poder que tendría si así estuviese.

¿Qué bendiciones se reciben al servir en una misión?

Los misioneros dedicados que dan lo mejor de sí mismos aprenden lecciones tan importantes o puede que más importantes que cualquier cosa que aprendan en la universidad. Les daré un ejemplo. Los misioneros aprenden a tratar a las personas, a conversar con ellas y a ayudarlas. Tanto si van a ser médicos, abogados, comerciantes o cualquier otra cosa, la capacidad para relacionarse con otras personas puede ser lo que determine el éxito en una profesión.
Una segunda gran bendición es que los misioneros permanecen doctrinalmente anclados en la realidad de la Expiación, con lo que desarrollan un amor y una devoción por el Señor Jesucristo que supondrá una gran bendición para ellos y sus familias en esta vida y en la eternidad. Las experiencias de aprendizaje más significativas que podemos tener se producen al enseñar a los demás. Y eso es lo que hacen los misioneros: interiorizan la doctrina, la realidad de la Expiación, y eso supone una bendición en todas sus futuras asignaciones en la Iglesia.
Otra gran bendición es que a medida que los misioneros se dedican a rescatar y a llevar a la luz del Evangelio a familias que vagan por las tinieblas, se dan cuenta de lo que no desean en su propia vida. La experiencia les aclara los valores a los que desean ceñirse, el tipo de familia que desean tener, la manera de educar a sus hijos y las metas que necesitan para obtener las bendiciones prometidas del templo. La misión es la mejor institución educativa del mundo.
Como ustedes saben, el presidente Gordon B. Hinckley ha dicho en numerosas ocasiones que su misión constituye el cimiento de su vida de servicio. Él reconoce que la misión le puso en la dirección que le llevó a dirigir la Iglesia, y creo que estarán de acuerdo en que lo está haciendo magníficamente bien.
La Iglesia se encuentra en una etapa de su historia en la que los jóvenes y las jovencitas de todo el mundo necesitan dar el paso y servir en una misión. No pueden suponer que ya hay suficientes jóvenes en los Estados Unidos para hacer todo lo que el Señor necesita. Él necesita que los jóvenes de todos los lugares donde la Iglesia esté organizada se preparen para llevarle almas. Al obrar así, bendecirán a toda la tierra y traerán eternamente sobre sí y sobre sus familias las bendiciones del cielo.

¿Y si no puedes servir a tiempo completo?

Los jóvenes con limitaciones mentales, emocionales o físicas graves están eximidos del servicio misional a tiempo completo y no deberían sentirse culpables por ello. Son tan preciados e importantes para la Iglesia como si fueran capaces de ir al campo misional.
Pero si bien no sirven a tiempo completo, pueden aprovechar cada oportunidad que se les presente de buscar a personas y ayudarles a unirse a la Iglesia. Pueden ser miembros misioneros en la universidad, en el trabajo o en sus lugares de residencia. Deben seguir adelante, tener una vida maravillosa y plena y contribuir a la edificación del reino dondequiera que se encuentren. No todos los Apóstoles que sirven en la actualidad pudieron servir en una misión de tiempo completo cuando eran jóvenes, ya que algunos tuvieron que servir en el ejército; pero todos han hecho obra misional y han traído gente a la Iglesia.
Se alienta a los líderes del sacerdocio a ayudar a todo joven fiel y recto a brindar servicio. Por ejemplo, pueden ayudar al obispo como misioneros de barrio o trabajar en el almacén del obispo. Si viven cerca de un templo, podrán disfrutar de numerosas ocasiones de servir allí. Los líderes del sacerdocio sólo deben pensar en cómo hacerlo y luego dar el paso.
Élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles.