domingo, 22 de septiembre de 2013

"CERRAD VUESTROS CORAZONES"

"CERRAD VUESTROS CORAZONES"

Por el Presidente Spencer W. Kimball
Estos comentarios fueron hechos por el Presidente Kimball (en aquel entonces cono miembro del Consejo de los Doce) mientras estaba en un tour de la misión de Latinoamérica entre el año 1967 o 1968. Esto fue dicho a los misioneros de esa misión antes de ser entrevistados por el Presidente.

"Si existen problemas en la misión que podáis sacar a luz para que yo pueda ayudar a vuestro presidente y a vosotros, me encantaría hacerlo. Si hay situaciones que son difíciles, si hay problemas que son desconocidos, permitidme daros un ejemplo.

En una de las misiones encontré una situación mala. Uno o dos misioneros habían roto las reglas (como el Presidente. dijo esta mañana). Ellos empezaron por romper algunas reglas solamente. Todo lo que hicieron fue sólo ir a una cierta casa cada domingo por la noche para cenar. El Presidente no sabía nada hacerca de eso. No fue muy serio; debían haber estado en su pensión estudiando. Pero esto fue una costumbre cada semana.

Después de un tiempo, esos misioneros estaban trayendo a otros y pronto estuvieron bailando los domingos por la noche algunos de ellos. Y entonces estuvieron flirteando un poco y entonces algunos empezaron a jugar naipes cada domingo por la noche. ¡Y entonces estaban bailando en lo oscuro con algunas de las hijas de los Santos!

La próxima cosa que sabemos que pasó fue una excomunión.
Fui allá y todas las cosas quedaron claras. Supe que un chico estuvo a punto de ser excomulgado. Ciertamente había cerca de 18 misioneros en esa área que habían caminado como ovejas al borde del precipicio. Ellos no habían intentado hacer algo malo, sino que simplemente siguieron al líder. Habían ido a cenar allá, y se habían puesto a flirtear un poquito.

Pero el caso es que había 18 misioneros que sabían que ese chico había ido demasiado lejos. Ellos sabían que él estaba besuqueando y acariciando a una chica, pero nunca dijeron nada.

Cuando los entrevisté, les pregunté: ¿Por qué no le dijeron al Presidente las cosas malas que estaban sucediendo?

Uno de ellos dijo: Pues, no me meto en asuntos ajenos. Este élder puede hacer lo que le plazca - ¡Si él quiere arruinar su misión, para mí está bien, es su problema, es su misión! ¡Si él quiere arruinar su vida, es su decisión, es SU vida!"

Y entonces les dije a estos eíderes:" ¿Qué es de sus misiones? ¿No es ésta su misión también? ¿No es ésta su iglesia también? ¿Van a permitir que una persona haga más daño del que ustedes pueden reparar? ¿Van a permitir que haya un misionero que arruine todo lo que ustedes hicieron acá?

Usted ha estado 20 meses acá, élder, y ha estado trabajando bastante duro y a veces usted, ha hecho una obra notable. ¿Va a permitir que un escándalo, un escándalo aquí, anule todo lo que usted ha hecho? ¿Va a permitir eso? ¿Está dispuesto a hacerlo?" El dijo: " Bueno, no lo había pensado así."

Bien, pues eso es lo que pasa, ¿no es así, eíderes? ¡Esta es vuestra misión! ¡Esta es vuestra iglesia! Un escándalo en una comunidad aniquila toda vuestra obra, quizás la que todos juntos podríais hacer. El trabajo de dos años anulado por un escándalo en la comunidad. ¿Pensáis vosotros que tenéis una lealtad? ¿Y dónde están vuestras lealtades? ¿Sois leales a vosotros mismos? ¿Sois leales a vuestros compañeros? ¿Estáis dispuestos a permitirle continuar y continuar hasta que caiga?

Cuando él fue excomulgado, fue un día triste para esa misión, porque él fue un buen joven y todos los misioneros le amaban, y algunos de ellos lloraban. !Sí, lo recuerdo! ¡Algunos de ellos estaban llorando! ¡Su hermano había sido excomulgado y enviado a casa en deshonra!

Y entonces les dije: Elderes, ¿saben quién excomulgó a este chico? No fui yo; ni su Presidente; ni tampoco el tribunal de elderes. ¡Fueron ustedes! ¡Ustedes excomulgaron a su hermano! ¿Cómo? ¡Pues su ustedes hubieran ido hablarle al élder cuando estaba rompiendo las reglas diciéndole! ¡Elder, no vamos a hacer eso!, eso hubiera cambiado todo el problema. Todos nosotros perdemos espiritualidad cuando cosas así pasan.

Ahora supongamos que él no hubiera hecho caso y ustedes le hubieran dicho otra vez: ¡Elder, usted no debe hacer eso! ¡No podemos estar haciendo ese tipo de cosas!

Y entonces supongamos que ustedes, hubieran ido por tercera vez y le hubiera dicho: ¡Elder, lo siento pero si usted no desiste voy a tener que decírselo al presidente de la misión, porque no voy a permitirle que se destruya a sí mismo!

¡Yo pienso demasiado en ustedes! ¡No voy a permitir que destruya esta misión! ¡Yo pienso mucho en la misión! ¡No voy a ir hasta el Presidente como un soplón, pero voy a avisarle para que él pueda proteger todo el programa si usted no desiste!

Vosotros podéis ver que no hay nada feo en esto, ¿o sí? Así es como debe ser porque nuestra lealtad es primero al Señor, a la Iglesia, a la misión y al mundo.
Ahora otro pequeño incidente que está relacionado con este.

En una misión de los EE.UU., un día un vecino entro en la casa de un miembro nuevo. La vecina no era miembro, pero ella vino y estaba acostumbrado a entrar en la casa sin golpear. Así que ella fue a la casa este día y vio a su amiga, la hermana SUD, sentada en una silla y a un élderes sentado a sus pies – y esto os dejara perplejo - ¡El élder estaba cortando las uñas de los pies de la hna. O pintándosela o algo así.

Bueno, esto no fue un pecado imperdonable, pero fue indiscreto, ¿no? Aunque nada más estaba pasando, tenemos a un élder sentado en el suelo, sin tener puesta su corbata ni el saco y una mujer en parte vestida y el élder pintándole las uñas o haciendo algo. Por causas de esto, ¡la ciudad fue cerrada! Esta vecina que no era miembro salió y esparció este incidente por todo el barrio y por toda la ciudad; y aunque hubieron muchos conversos con el paso de los años, esta ciudad fue cerrada, absolutamente cerrada a la obra misional por veinte años.

¿Pensáis que los misioneros pudieron entrar en esa ciudad? ¡Por supuesto que no pudieron! ¡Porque todavía se recordaba esa indiscreción! Ellos no habían cometido un pecado, por lo menos estoy muy seguro de que él nunca ha hecho algo inmoral. Pienso que no fue nada más que una fea indiscreción. Y fue bastante fea, ¿verdad? ¡Fue lo que llevo a cerrar esa ciudad! ¿Comprendéis?

Por eso digo que la misión pertenece a vosotros; sois 150 en total y esta misión pertenece a vosotros. Cualquier cosa mala que suceda en esta misión hace que sea masa difícil enviar misioneros y también es más difícil hacer cualquier cosa.

Y también se hace más difícil entrar en los hogares donde se han oído cosas feas acerca de la Iglesia. Por eso un élder no está solo; no puede estar solo. Tiene que estar en armonía con el programa, ¿no? ¡Y cada uno de vosotros está interesado! ¡Todos! Y a vosotros no os conviene permitir que vuestro compañero o que cualquier persona que conozcáis haga que vuestro compañero realice algo muy grave trayendo problema no solo a vosotros sino al programa también.

Pensad en esto un poco, porque muchas personas dicen: ¡Yo no voy a ser un soplón! Pero de ninguna manera es así. ¡Es un aviso, como si vierais a dos ladrones entrando en la casa de vuestro vecino! Algunos dirían: Pues, no diré nada sobre esos ladrones. ¡Que se escapen! ¡Es el problema de mi vecino!

¡NO!, DEBEMOS INVOLUCRARNOS. Nos involucramos: vamos rápido hasta el teléfono y llamamos a la policía….

Si vemos a alguien que le está haciendo daño o atentando contra su vida – como paso en New York hace un tiempo atrás: una chica fue acuchillada y cortada en pedazos por algún maniático y habían personas presenciando el hecho, y NO HICIERON NADA. ¡Ella grito pidiendo ayuda! Pero nadie se movió. Ni siquiera llamaron a la policía. Y allí en la calle yacía muerta la pobre chica. NADIE QUIZO INVOLUCRARSE.

Es tiempo de que EMPECEMOS A INVOLUCRARNOS, y esto empieza por cada uno. Y cuando cualquier misionero en cualquier misión empieza a romper las reglas, ES EL TIEMPO en que TODOS SUS COMPAÑEROS DEBE INVOLUCRARSE.

¡No significa que se encarguen de dirigir a la persona! ¡No significa que sean descorteses! Significa que ellos estén interesados y se involucren, y hay una manera amable para hacerlo.

Os digo que no sería tanta las reglas rotas si un misionero dijera al otro: Elder no vamos a hacer esto, ¡no vamos a ir allá y hablar con esa Chica! ¡Eso no es bueno! Y si logramos detenerlo cuando recién ha empezado a hacer algo malo es mucho mejor que cuando se encuentra en una TRINCHERA, pues es muy difícil cavar por fuera.

Muchas veces tenemos que mandar misioneros a casa, a su familia, en deshonra (frecuentemente excomulgados) porque quizás sus compañeros no le amaron lo suficiente. Quizás sus compañeros no fueron valientes para decir: USTED SE ESTA SALIENDO UN POCO DE LA RAYA. No vamos a hacer esto, vamos a preocuparnos y hacer esto, esto, y esto.

Estas reglas misionales, como ven, son muy importantes. Hemos temidos 137 años de experiencia. Me parece que es bastante como para probar algo, ¿No?

Durante 137 años hemos llegado a la conclusión de que si dos personas se quedan juntas las posibilidades de pecar o de tener problemas se reducen alrededor de un 98%. Y una vez cada mucho tiempo dos compañeros se vuelven malos, pero esto no es común.

¡Si tan solo los misioneros CERRARAN SUS CORAZONES cuando salen de Salt Lake para su misión! Si tienen una chica dentro de su corazón, está bien, ¡pero ENCERADA ADENTRO! Pero, si no la tenéis adentro, entonces CERRAR VUESTRO CORAZON para con todas las otras chicas; y esto también se aplica para las hermanas igualmente. Estoy hablando principalmente a vosotros, elderes. ¡Vosotros CERRAD VUESTRO CORAZONES y DEJAD la LLAVE en casa y JAMAS LOS ABRAIS AQUÍ! ¡Es imposible enamorarse de alguien a menos que se abra vuestro corazón! Vuestro corazón es el único órgano que tiene la habilidad para estar enamorado, y cuando el misionero dice: ¡Me enamore de esa chica!, es porque QUIZO enamorarse. No nos enamoramos a menos que queramos recibir una sorpresa. Nunca nos caemos en un cráter a menos que estemos caminando por el borde del cráter.

He estado en el Vesubio y también sobre varios cráteres y volcanes y yo sé que uno no se cae en un cráter a menos que – esté en el borde de un cráter. Así que simplemente ¡GUARDAD CERADOS VUESTROS CORAZONES! Dije `cerradlos en Salt Lake o cuando salen para la Casa de la Misión, y NO LES DEIS PENSAMIENTOS.

Ahora si vosotros decís: esta chica es más o menos bonita, o ella es una chica muy dulce o me gustaría hablar con ella o solo me gustaría visitarla, entonces estas a punto de tener problema os puede traer más problemas en el transcurso de vuestras vidas y también mucha pesadumbre.

¿Me permitís insistir otra vez? ¡CERRAD VUESTROS CORAZONES Y DEJAD LA LLAVE EN CASA! ¡Doquier viváis, dejad la llave en casa con vuestros padres!

Alguien pregunto: ¿Hay daño alguno en casarse con una chica Mexicana si usted está haciendo la misión en México? ¡No eso no es un crimen pero prueba que algún misionero ha tenido su corazón abierto! ¡EL lo abrió! ¿Es malo casarse con una chica Alemana habiendo estado usted en la misión en Alemania? ¡No, no es un crimen, si usted la conoció en alguna otra manera! Pero cuando usted la conoce en el campo misional y ha abierto su corazón, ¡le digo que no es correcto! ¡Y usted ha disminuido su misión!

Simplemente GUARDAD VUESTRO CORAZON CERRADO, TODOS vuestros PENSAMIENTOS deben estar en la Obra Misional.

¿Puedo decirlo en una forma aun más clara? Me gustaría, porque no hay razón alguna para que un misionero este envuelto, ni aun en una manera decente con cualquier chica durante su tiempo en la misión. ¡Este no es el lugar! ¡Vosotros lo prometisteis! ¡Fuisteis al TEMPLO! ¡Acordaos de lo que hicisteis en el TEMPLO! ¡Recordad que prometisteis hacer todo para vivir los mandamientos! Este es uno de los mandamientos cuando entráis al CAMPO MISIONAL: ¡No te asociaras con mujeres jóvenes en cualquier otra base que no sea la base de proselitismo! Vosotros prometiste, y pienso que no os gustaría romper una promesa hecha ante el SEÑOR en su SANTO TEMPLO. Y cuando escribisteis la carta de aceptación al Presidente de la Iglesia, todo estaba implícito.

Vosotros sabéis, por supuesto, cada misionero sabe que no está yendo a la misión para cortejar ni para hallar esposa. Tendrás muchas oportunidades cuando regreséis a casa. El Campo Misional no es el LUGAR.

A veces vemos a un hombre joven que no ha sido muy popular en casa; él ha sido muy tímido y no ha tenido muchas salidas con chicas. Así que cuando llega al campo misional y alguien lo lisonjea un poco – alguna chica muestra mucho interés en el – entonces el comienza a lisonjear. También piensa: ¡Con ella debo casarme!

Pero a él le digo esto una vez más: CIERRE SU CORAZON EN CASA y si no lo ha hecho, HAGALO AHORA Y MANDE LA LLAVE A CASA.

No permitáis que entre a vuestra mente alguna impresión o pensamiento romántico.

Por dos años os habéis consagrado al Señor, totalmente, para enseñar el Evangelio al mundo. Cuando hayáis hecho esto perfectamente por dos años, entonces al volver a casa seréis infinitamente más atractivo más hábil más digno, más maduro para tomar decisiones importantes, relacionadas con la persona con quien compartir la Eternidad.
Ahora, no tratéis en hacer esto; más bien ¡HACEDLO!

Espero no haberos ofendido de alguna manera. Pero espero que entendáis el Espíritu de esto y si conocierais algún problema que se están empezando a desarrollar gracias a un misionero que se está pasando de la raya, me gustaría que le hablarais en una manera amable y amorosa, diciéndole que si persiste en seguir ese camino equivocado, entonces hay algo más que hacer y vosotros tenéis la lealtad para hacerlo. Que Dios os bendiga a vosotros, misioneros, y espero visitaros más adelante.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Que Hacer Mientras Llega la Fecha de Entrar al CCM

Si ya completaste todos tus papeles de solicitud, tuviste tus entrevistas con tu obispo y tu presidente de Estaca, entonces tus papeles deben estar en las Oficinas Generales de la Iglesia y en un plazo de dos a cuatro semanas estarás recibiendo tu sobre que contiene la carta del llamamiento firmado por el Presidente de la Iglesia.   En ella se te dira cuando iniciará tu servicio misional y a dónde se te ha asignado a servir.   Será una experiencia inolvidable para ti y para tu familia el dia cuando abran esta carta. 
 Dependiendo de varios factores, como por ejemplo tu edad y  las necesidades de la misión te darán por lo general de 1 a 4 meses para entrar en el CCM.  Mientras te llega esa importante fecha hay varias cosas que debes hacer o seguir haciendo para estar listo o lista para ese día.  Aquí te cito algunas de ellas:

CONTINUA TU PREPARACION ESPIRITUAL
Y ningún hombre que salga y apredique este bevangelio del reino, sin dejar de continuar fiel en todas las cosas, sentirá fatigada o entenebrecida su mente, ni su cuerpo, miembros ni coyunturas; y ni un ccabello de su cabeza caerá a tierra inadvertido. Y no padecerá hambre ni sed.  DyC 84:80
  1. Mantente digno   
 Debes cumplir con los mandamientos y normas que te hicieron digno de ser  elegible para  servir al Señor en una misión.  Reconoce que aunque Satanás  tratara de desviarte de tu   camino y utilizará diversas estrategias para  tentarte el Señor te apoyará y enviara a Sus  angeles a protegerte

   2. Lee las Escrituras cada día
 Los misioneros deben dedicar varias horas al dia para leer Las Escrituras y  el Manual Predicad Mi Evangelio.  Debes familiarizarte con los pasajes de  Las Escrituras que usarás  cuando enseñes las lecciones a tus futuros investigadores.   
    "No intentes declarar mi palabra, sino primero procura aobtenerla, y entonces será desatada tu lengua; luego, si lo deseas, tendrás mi Espíritu y mi palabra, sí, el poder de Dios para convencer a los hombres." DyC. 11:21
  1. Busca tu bendición patriarcal
  2. Aumenta tu testimonio del evangelio
  3. Acompañar a los misioneros de tu barrio y visitar a personas que estan investigando la iglesia.
  4. Mantente en contacto con tu Obispo y tu Presidente de Estaca
CONTINUA PREPARANDOTE TEMPORALMENTE
  1. Preparar tu maleta con la ropa misional 
  2. Seguir cuidando tu salud (esto incluye ponerte las vacunas)
  3. Continúa aprendiendo nuevas recetas de cocina saludable
  4. Cuando sea posible saca tu licencia de conducir
  5. Si es necesario, si tu llamamiento es fuera de tu país comienza los tramites de pasaporte y visado.
DESARROLLAR NUEVOS HABITOS
  1. Levantarte cada día a las 6:30am a leer las escrituras y Predicad Mi Evangelio
  2. Leer todos los días El Libro de Mormón y Predicad Mi Evangelio
  3. Escuchar música inspiradora de la Iglesia
  4. Alejarse de las tentaciones
  5. Manejar a los amigos, novio o novia "a la manera del Señor"
  6. Pasar tiempo de calidad con tus padres y hermanos, demostrando gran interes y amor por ellos.
  7. Lavar y planchar tu propia ropa regularmente
  8. Procura cumplir todos tus compromisos y no dejar nada pendiente.
  9. Visita a tus familiares y amigos y testificales de la veracidad del evangelio que vas a predicar.

miércoles, 24 de octubre de 2012

Lideres de la Iglesia dan mas detalles sobre la nueva politica misional.

Lideres de la Iglesia dan mas detalles sobre la nueva politica misional.

Conferencia de presna con el Comite misional Oct 2012
Elder Jeffrey R. Holland comenta en conferencia de prensa algunos detalles y cambios que se harán de acuerdo con la nueva política misional
1. Futuros Misioneros tendrán que intensificar su preparación misional, la cual incluye todo en cuanto a dignidad suplementado por el estudio del evangelio (especialmente del Libro de Mormón) clases de seminario e instituto y un estudio sistemático de Predicad Mi Evangelio.
"Dios esta apresurando su obra," dijo Elder Holland dirigiéndose a los jóvenes de la Ilgesia y agrego "y Él necesita más y más misioneros dignos y dispuestos de esparcir la luz y la verdad y la esperanza y la salvación del evangelio de Jesucristo a un mundo frecuentemente en obscuridad... Esto no es a causa de ustedes. Esto es en cuanto al dulce y puro mensaje que se les ha pedido compartir. Elder Holland pidió a los padres tomar una seria responsabilidad en esta preparación y no esperar que el Departamento Misional o el CCM o que líderes locales tomen la dirección en todo.
2. El tiempo en los 15 Centros de Capacitación Misional serán reducidos por 1/3 sin importar sí el misionero servirá en una lengua extranjera o no.
3. La iglesia en Provo Utah contratara más instructores y personal serán contratados y los dormitorios aumentarán de inmediato. Se planean que los CCMs fuera de USA se necesiten ampliar pero no hay planes de construir nuevos CCMs
4.Se planean que los misioneros sean beneficiados al implementar un programa de 12 semanas al llegar al campo misional y así mejoren sus técnicas de enseñanzas. 5. La iglesia considera crear nuevas misiones en el futuro. Las actuales 347 misiones absorberán cualquier aumento que suceda en el numero de misioneros hasta que las nuevas sean creadas.
6. Futuros Misioneros pueden ser recomendados por su obispo y presidente de estaca con 120 días de anticipación a su cumpleaños (18/19) o con anticipación a la fecha disponible de acuerdo a su graduación de la escuela. Los hombres jóvenes podrán entrar al CCM después de haberse graduado y alcanzado la edad requerida.
7. No se modifica los límites de edad para servir, para los varones es de 25 años y para las mujeres no existe una edad límite.

Las Bendiciones de Haber Servido una Mision

El servicio misional de ustedes será lo más importante para prepararlos para el resto de su vida. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) prometió a los futuros misioneros: “…el tiempo que pasen en el campo misional, si lo pasan dedicados al servicio, será una inversión que les dejará mayores dividendos que cualesquiera otros dos años de su vida… Si sirven en una misión fielmente y bien, serán mejores esposos, mejores padres, mejores estudiantes, mejores trabajadores1. Si no han pasado la edad de servir en una misión de tiempo completo, prepárense ahora para servir. Las bendiciones que recibirán serán mucho mayores que cualquier sacrificio que puedan hacer.

Cuando deben las jovenes ir a la mision?

M. Russell Ballard dijo:
Servir en una misión de tiempo completo es algo totalmente adecuado para una joven si eso es lo que ella desea hacer y es digna. Poseer el Sacerdocio implica para el joven la obligación de llevar al mundo el mensaje de la Restauración. Se invita a las hermanas a participar en la obra misional atendiendo a sus circunstancias. Si tuvieran expectativas de matrimonio, ése es un llamamiento mayor; sin embargo, las jóvenes que se encuentran en condiciones de servir llegan a ser grandes misioneras. Son buenas maestras, muestran empatía y se relacionan muy bien con las mujeres. No creo que exista en el mundo una misión con un presidente que no se sienta encantado de tener más misioneras.
(M. Russell Ballard, “How to Prepare to Be a Good Missionary”, “Cómo prepararse para ser un buen misionero”, New Era, revista en inglés, Mar 2007, 6–11)

La oportunidad de toda una vida

La oportunidad de toda una vida

W. Christopher Waddell
De los Setenta


W. Christopher Waddell
Por medio de tu dedicado servicio y sacrificio voluntario, tu misión se convertirá en tierra santa para ti.

Un hito en la vida de un misionero es su entrevista final o “última” con el presidente de misión. Parte fundamental de la entrevista será el análisis de lo que parece ser una vida de experiencias inolvidables y lecciones clave que se han adquirido en tan sólo de 18 a 24 meses.
Si bien muchas de esas experiencias y lecciones pueden ser comunes y corrientes en el servicio misional, cada misión es única, con desafíos y oportunidades que nos exigen y prueban de acuerdo con nuestra personalidad y necesidades particulares.
Mucho antes de dejar nuestro hogar terrenal para servir en una misión de tiempo completo, dejamos a nuestros padres celestiales para cumplir con nuestra misión mortal. Tenemos un Padre Celestial, que nos conoce: sabe nuestras fortalezas y debilidades, nuestras facultades y potencial. Él sabe qué presidente de misión y compañeros, y qué miembros e investigadores necesitamos para llegar a ser el misionero, el esposo, el padre y el poseedor del sacerdocio que somos capaces de llegar a ser.
Profetas, videntes y reveladores asignan a los misioneros bajo la dirección y la influencia del Espíritu Santo. Presidentes de misión inspirados dirigen las transferencias cada seis semanas y rápidamente aprenden que el Señor sabe exactamente donde quiere que sirva cada misionero.
Hace unos años, el élder Javier Misiego, de Madrid, España, estaba cumpliendo una misión de tiempo completo en Arizona. En esa época, su llamamiento misional a los Estados Unidos parecía un tanto inusual, ya que la mayoría de los jóvenes de España eran llamados a servir en su propio país.
Al término de una charla fogonera de estaca, donde él y su compañero habían sido invitados a participar, se le acercó al élder Misiego un miembro menos activo de la Iglesia, a quién lo había llevado un amigo. Era la primera vez que ese hombre había estado dentro de una capilla en años y él le preguntó al élder Misiego si conocía a José Misiego, de Madrid. Cuando el élder Misiego respondió que el nombre de su padre era José Misiego, el hombre emocionado hizo algunas preguntas más para confirmar que ése era el José Misiego. Cuando se determinó que estaban hablando del mismo hombre, este miembro menos activo comenzó a llorar. “Su padre fue la única persona que bauticé durante toda mi misión”, explicó y describió cómo su misión, según su parecer, había sido un fracaso. Atribuyó sus años de inactividad a algunos sentimientos de ineptitud y preocupación, creyendo que, de alguna manera, había decepcionado al Señor.
El élder Misiego luego describió lo que este supuesto fracaso del misionero significó para su familia. Le dijo que su padre, bautizado como un adulto soltero, se había casado en el templo, que el élder Misiego era el cuarto de seis hijos, que los tres varones y su hermana habían servido misiones de tiempo completo, que todos estaban activos en la Iglesia y que todos los que estaban casados se habían sellado en el templo.
El ex misionero menos activo comenzó a sollozar. Gracias a sus esfuerzos, ahora sabía que había bendecido muchas vidas, y el Señor había enviado a un élder desde Madrid, España, a una charla fogonera en Arizona para hacerle saber que él no había sido un fracaso. El Señor sabe donde quiere que sirva cada misionero.
De la manera que el Señor decida bendecirnos en el transcurso de una misión, las bendiciones del servicio misional no están diseñadas para terminar cuando somos relevados por nuestro presidente de estaca. Su misión es un campo de entrenamiento para toda la vida. Las experiencias, lecciones y testimonio obtenidos por medio de un servicio fiel están destinados a proporcionar una base centrada en el Evangelio que persistirá durante la vida mortal y en las eternidades. Sin embargo, para que las bendiciones continúen después de la misión, hay condiciones que se deben cumplir. En Doctrinas y Convenios leemos: “Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal bendición, así como sus condiciones” (D. y C. 132:5). Este principio se enseña en el relato de Éxodo.
Después de recibir su mandato de parte del Señor, Moisés regresó a Egipto para sacar a los hijos de Israel de la cautividad. Una plaga tras otra no le permitían la libertad, lo que les condujo a la décima y última plaga: “Pues yo pasaré por la tierra de Egipto, esta noche, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto” (Éxodo 12:12).
Para la protección en contra del “heridor” (versículo 23), el Señor instruyó a Su pueblo a ofrecer un sacrificio, un cordero “sin defecto” (versículo 5) y recoger la sangre del sacrificio. Luego tenían que “tomar la sangre” y ponerla en la entrada de cada casa “…en los dos postes y en el dintel” (versículo 7) con esta promesa: “y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad” (versículo 13).
“Los hijos de Israel fueron e hicieron puntualmente así, como Jehová había mandado” (versículo 28). Ellos ofrecieron el sacrificio, recogieron la sangre y la pusieron en sus hogares. “Y aconteció que a la medianoche Jehová hirió a todo primogénito en la tierra de Egipto” (versículo 29). Moisés y su pueblo, según la promesa del Señor, fueron protegidos.
La sangre que utilizaron los israelitas, simbólica de la futura expiación del Salvador, fue producto del sacrificio que ellos habían ofrecido. No obstante, el sacrificio y la sangre por sí solos no hubieran sido suficientes para obtener la bendición prometida. Si no hubieran colocado la sangre en el dintel de la puerta, el sacrificio habría sido en vano.
El presidente Monson ha enseñado: “La obra misional es difícil. Agota las energías, excede nuestra capacidad, exige nuestro mejor esfuerzo… Ningún otro trabajo demanda horas más largas, mayor dedicación ni más sacrificio y oración ferviente” (“…Haced discípulos a todas las naciones”, Liahona, julio de 1995, pág. 55).
Como resultado de ese sacrificio, regresamos de nuestras misiones con nuestros propios dones. El don de la fe; el don de testimonio; el don de la comprensión de la función del Espíritu; el don del estudio diario del Evangelio. El don de haber servido a nuestro Salvador. Dones cuidadosamente empaquetados en Escrituras desgastadas, en libros de Predicad Mi Evangelio raídos, en diarios misionales y en corazones agradecidos. Sin embargo, al igual que los hijos de Israel, las continuas bendiciones relacionadas con el servicio misional exigen la aplicación después del sacrificio.
Hace unos años, mientras la hermana Waddell y yo presidíamos la Misión de España Barcelona, quise extender una última asignación a cada misionero durante su entrevista final. Se les pidió que durante el regreso a casa tomasen tiempo para considerar las lecciones y los dones que les había proveído un generoso Padre Celestial. Se les pidió que hicieran una lista con espíritu de oración y que consideraran cuál sería la mejor manera de aplicar esas lecciones en sus vidas después de la misión: lecciones que podrían influenciar en cada faceta de la vida de ellos, la educación y elección de la carrera, el matrimonio e hijos, el futuro servicio en la Iglesia y, lo más importante, en qué clase de persona se convertirían y como continuarían desarrollándose como discípulos de Jesucristo.
No hay ningún ex misionero para quien sea demasiado tarde considerar las lecciones obtenidas por medio de un servicio fiel y aplicarlas con más diligencia. Al hacerlo, sentiremos la influencia del Espíritu más plenamente en nuestra vida, nuestra familia se fortalecerá y nos acercaremos más a nuestro Salvador y al Padre Celestial. En una conferencia general anterior, el élder L. Tom Perry extendió esta invitación: “Hago un llamado a ustedes, ex misioneros, para que redediquen su vida, para que renueven su deseo y espíritu del servicio misional. Les llamo para que tengan la apariencia de un siervo, para que sean un siervo y para que actúen como un siervo de nuestro Padre Celestial… Deseo prometerles que hay grandes bendiciones reservadas para ustedes si continúan adelante con el celo que una vez poseyeron como misioneros de tiempo completo” (véase “El ex misionero”, Liahona, enero de 2002, págs. 88-89).
Ahora, a los jóvenes que aún tienen que servir en una misión de tiempo completo, comparto el consejo del presidente Monson de octubre del año pasado: “Repito lo que los profetas han enseñado por mucho tiempo: que todo joven digno y capaz debe prepararse para servir en una misión. El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros a quienes se nos ha dado tanto” (“Al encontrarnos reunidos de nuevo”, Liahona, noviembre 2010, pág. 5).
Al igual que con los misioneros del pasado y presente, el Señor te conoce y tiene una experiencia misional preparada para ti. Él conoce a tu presidente de misión y a su maravillosa esposa, quien te amará como si fueras uno de sus propios hijos y buscará inspiración y guía a tu favor. Él conoce a cada uno de tus compañeros y lo que aprenderás de ellos. Él conoce cada área en la que trabajarás, a los miembros que conocerás, a la gente que enseñarás y las vidas en las que impactarás por la eternidad.
Por medio de tu dedicado servicio y sacrificio voluntario, tu misión se convertirá en tierra santa para ti. Serás testigo del milagro de la conversión a medida que el Espíritu obre por tu intermedio para conmover los corazones de aquellos a quienes enseñes.
Al prepararse para prestar servicio hay mucho por hacer. Para llegar a ser un siervo eficaz del Señor, se necesitará algo más que ser apartado, colocarse una placa con el nombre o entrar en un centro de capacitación misional. Es un proceso que comienza mucho antes de que te llamen “élder”.
Llega a tu misión con tu propio testimonio del Libro de Mormón, que se obtiene por medio del estudio y la oración. “El Libro de Mormón es una evidencia potente de la divinidad de Cristo. También es una prueba de la Restauración a través del profeta José Smith. Como misionero, debes primero tener un testimonio personal de que el Libro de Mormón es verdadero. Ese testimonio del Espíritu Santo debe ser el foco principal de tu enseñanza” (véase Predicad Mi Evangelio: Una guía para el servicio misional, 2004, págs. 103, 108).
Llega a tu misión siendo digno de la compañía del Espíritu Santo. En las palabras del presidente Ezra Taft Benson: “El Espíritu es el elemento más importante en esta obra. Cuando el Espíritu magnifica su llamamiento, usted puede realizar milagros para el Señor en el campo misional. Si no cuenta con el Espíritu, nunca tendrá éxito, sin importar cuánto talento y habilidad tenga” (en Predicad Mi Evangelio, pág. 176).
Llega a tu misión listo para trabajar.
“Tu éxito como misionero dependerá principalmente de tu dedicación para encontrar, enseñar, bautizar y confirmar”. Se espera que trabajes con “eficacia todos los días y hagas tu mejor esfuerzo para traer almas a Cristo”(véase Predicad Mi Evangelio, pág. 10).
Repito la invitación que dio el élder M. Russell Ballard a un grupo anterior de jóvenes que se preparaban para servir: “Acudimos nosotros a ustedes, mis jóvenes hermanos del Sacerdocio Aarónico. Los necesitamos. Al igual que los 2.000 jóvenes guerreros de Helamán, ustedes también son hijos espirituales de Dios, y pueden ser investidos con poder para edificar y defender Su reino. Necesitamos que hagan convenios sagrados, así como ellos lo hicieron. Necesitamos que sean meticulosamente obedientes y fieles, tal como ellos lo fueron” (“La generación más grandiosa de misioneros”, Liahona, noviembre de 2002, pág. 47).
Al aceptar esta invitación, aprenderás una gran lección, así como el élder Misiego y todos los que hayan servido, regresado y dedicado de manera fiel. Aprenderás que las palabras de nuestro profeta, el presidente Thomas S. Monson, son verdaderas: “La oportunidad misional es de ustedes, para toda la vida. Las bendiciones de la eternidad les aguardan. Tienen el privilegio de no ser espectadores sino participantes en el escenario del servicio del sacerdocio” (Liahona, julio 1995, pág. 55). Y testifico que esto es verdad en el nombre de Jesucristo. Amén.